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Entender por qué sufrimos estrés y cómo responde el cuerpo nos va ayudar a entender las causas del problema. Practicar mindfulness nos ayuda a gestionar y reducir el estrés que padecemos porque hay una relación muy estrecha entre pensamientos, sentimientos y los procesos físicos del cuerpo.

Mindfulness y el estrés

Por qué sentimos estrés

Desde un punto de vista evolutivo el estrés nos ha ayudado a sobrevivir, cuando algún antepasado se enfrentada a una situación de peligro vital, por ejemplo, el ataque de un animal, el cuerpo debía responder de la manera más eficaz a la urgencia. De manera que tenía que canalizar la energía para enfrentar el peligro. De una de estas tres formas:

  • luchar
  • huir
  • quedarse paralizado

Nuestro cuerpo sigue reaccionando de la misma manera ante los factores estresantes que como lo hacía hace miles de años: lucha, huida o parálisis. Las causas del estrés son muy diferentes hoy en día, pocas veces está en peligro nuestra vida. Aunque no importa para que suframos estrés, porque nuestra respuesta no tiene tanto que ver con el evento real como con la valoración que le damos. Así preocupaciones económicas, sobrecarga de trabajo, un atasco, no tener suficiente tiempo, un jefe poco razonable o sensación de no llegar pueden desencadenar estrés.

Respuesta fisiológica

Cuando se dispara la respuesta ante un estímulo estresante nuestro cuerpo segrega hormonas, como cortisol, y neurotransmisores, como epinefrina (adrenalina) y norepinefrina. Las glándulas suprarrenales liberan un total de 17 hormonas. Además, se liberan endorfinas para mitigar cualquier posible dolor.

También, se activa el sistema nervioso simpático para intensificar la actividad física:

  • Aumenta el ritmo cardiaco.
  • Se eleva la presión sanguínea.
  • La respiración se acelera.
  • Se incrementan los niveles de azúcar en sangre para dar más energía a los músculos.
  • Se liberan glóbulos rojos para poder transportar más oxígeno.
  • Los vasos sanguíneos periféricos se contraen para llevar más sangre donde más se necesita.

Si se intensifica nuestro nivel de estrés nuestro cuerpo reduce o incluso puede llegar a desconectar otros sistemas fisiológicos, como inmunitario, el digestivo y el reproductivo que no son totalmente necesarios para luchar o huir.

Cuando el cerebro, concluye que el peligro ya ha pasado se activan sistemas para reequilibrar el cuerpo. Esto es natural, una fase de activación y otra de distensión.

El problema surge cuando el estrés se prolonga en el tiempo sin dejar que el cuerpo se reequilibre. Puede generar enfermedades como: ansiedad, insomnio, trastornos gastrointestinales, hipertensión, problemas dérmicos, atenuación de la respuesta del sistema inmunológico, etc. Es aquí donde el mindfulness nos ayuda a relajar y reequilibrar nuestro cuerpo.

Las emociones y los pensamientos contribuyen tanto a la salud como a la enfermedad. El cerebro activa el mismo tipo de respuesta fisiológica ante el peligro físico y psicológico, porque no establece diferencia. Por eso algo tan inofensivo como hacer cola puede acabar provocando estrés. En la valoración que hacemos del estímulo, peligroso o no, reside la respuesta fisiológica. Poco a poco, gracias a la práctica de mindfulness, vamos dándonos cuenta que este peligro psicológico proviene de contenidos mentales que no tienen porque ser la realidad.


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